La esclerosis múltiple (EM) y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) son enfermedades neurológicas crónicas asociadas a la debilidad muscular y la discapacidad física. Aunque sus nombres suenen parecidos, existen grandes diferencias entre ambas.

Desde 5 sentidos, una clínica fisioterapéutica especializada en patologías neurológicas, consideramos que es importante que entendáis la diferencia entre ambas enfermedades, ya que en muchos casos suelen confundirse. Por eso mismo, en el post de hoy os explicaremos en qué consiste cada enfermedad y las diferencias que existen entre ambas.

¿Qué es la esclerosis múltiple o EM?

La EM (esclerosis múltiple) es un trastorno en el que el propio sistema inmunitario del paciente ataca por error la cubierta protectora de las células nerviosas denominada vaina de mielina. Al destruirse la mielina, las señales nerviosas que viajan a lo largo de las prolongaciones de las células nerviosas llamadas axones se retrasan o se pierden.

Esto puede provocar una interrupción o distorsión de los impulsos nerviosos en su recorrido entre el cerebro y la médula espinal, lo que da lugar a una amplia gama de síntomas.

En las formas progresivas de EM, los síntomas no desaparecen, sino que empeoran gradualmente. Los síntomas pueden ser leves, moderados o graves. En los peores casos, algunas personas acaban perdiendo la capacidad de andar y hablar.

¿Qué es la esclerosis lateral amiotrófica o ELA?

La ELA, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, es un trastorno progresivo en el que las células nerviosas que controlan los músculos se dañan y mueren. Sin estas células, las señales nerviosas no pueden llegar del cerebro a los músculos. Con el tiempo, empiezan a consumirse o atrofiarse. Por tanto, esta enfermedad impide que los nervios que controlan el movimiento funcionen correctamente.

Con el tiempo, el daño a los nervios provoca debilidad muscular y, finalmente, parálisis. En sus últimas fases, la ELA afecta a la respiración, lo que puede poner en peligro la vida.

Diferencias entre EM y ELA

Una vez que ya sabemos que significa cada cosa, vamos con sus diferencias:

Origen

La EM no es una enfermedad genética, aunque las personas suelen tener un mayor riesgo de desarrollarla si un pariente cercano (madre, padre o hermano) también la padece. La ELA puede ser hereditaria o esporádica.

Evolución

A diferencia de la ELA, en la que el estado de la persona se deteriora rápida y continuamente, la evolución de la EM puede ser impredecible y variar de una persona a otra. Los médicos no pueden predecir la gravedad, el ritmo de progresión o los síntomas específicos de la EM.

Síntomas

A medida que las dos enfermedades progresan, los síntomas se van diferenciando cada vez más. En sus últimas fases, la EM puede afectar considerablemente a la movilidad, la visión, el control de esfínteres, la salud emocional y la función cognitiva del paciente.

En cambio, en las últimas fases de la ELA, los pacientes quedan completamente debilitados y paralizados. Continúan perdiendo el control físico hasta que ya no pueden tragar o respirar por sí mismos, llegando a depender de ventilación mecánica.

Esperanza de vida

La mayoría de los pacientes con EM tienen una esperanza de vida normal o casi normal, mientras que la ELA acorta considerablemente la esperanza de vida de una persona. El tiempo medio de supervivencia tras el diagnóstico es de unos tres a cinco años.

Diferencias en género

La EM es de dos a tres veces más común en mujeres que en hombres, mientras que los hombres tienen un riesgo ligeramente mayor de desarrollar ELA que las mujeres. No está claro a qué se debe esto.

Edad

La EM se diagnostica con mayor frecuencia en personas de entre 20 y 50 años, mientras que la ELA suele diagnosticarse más tarde, a una edad media de 60 años.